Dos veces bueno

La mayoría de los políticos habla en exceso. Pero no es el caso del trigésimo presidente de Estados Unidos. A Calvin Coolidge, presidente desde 1923 hasta 1929, se le conoció como Silent Cal. Su fama de ser parco en palabras era más que merecida.

Una vez una mujer se acercó a él y dijo:

‘Señor Presidente, he apostado con mi marido que podré sacarle más de dos palabras.’

‘Pierde Usted,’ respondió Coolidge.

Es posible que Silent Cal llevara su búsqueda de concisión demasiado lejos, pero tenía razón en algo: Una de las formas más efectivas de mejorar el impacto de un comunicador es ser conciso. ¡Lo bueno, si breve, dos veces bueno!

  1. Más breve es más digerible: La buena comunicación tiene mucho en común con comer sano. En los dos casos la clave es encontrar la medida justa. El objetivo es que el público se levante de la mesa satisfecho, pero no hastiado. Intervenciones excesivamente largas resultan en indigestión comunicativa, una condición terminal que empieza con incomprensión y termina con aburrimiento y la muerte. ¿Cuánto necesitas extenderte? Acuérdate siempre de dejar de hablar antes de que tu público deje de escuchar.     
  2. Más breve es más decisivo: No tengas miedo de acabar antes de tiempo. Si el programa marca una duración de 20 minutos para tu presentación, pero puedes decir lo que quieres en diez minutos, ¡acaba en diez! De igual modo, no redactes un informe de cuatro páginas si puedes comunicarlo todo en una. Tomar estas medidas requiere auto-confianza y dotes de liderazgo. Y si lo haces de forma apropiada, te ayudará a destacarte y parecerás más incisivo y decisivo.
  3. Más breve es más memorable: El Gettysburg Address de Abraham Lincoln – el que contiene la línea “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” – se cita a menudo como uno de los grandes discursos de la historia. También es uno de los discursos más cortos de la historia. ¿Cómo de corto? Cuenta con 272 palabras y una duración de unos tres minutos. El discurso de Lincoln tuvo lugar tras una peroración de dos horas de duración de Edward Everett, un conocido orador norteamericano de la época. ¡No hace falta decir cuál de los dos discursos se recuerda mejor hoy!

Y como prueba definitiva, hay una historia que Ronald Reagan solía contar sobre un sermón muy corto que presenció durante su niñez en Dixon, Illinois. Fue el día más caluroso del año y todos en la iglesia estaban sudando a la gota gorda. Cuando llegó el momento de pronunciar el sermón, el cura subió al púlpito y miró a los feligreses. Con el dedo señaló abajo y dijo: ‘Hace más calor todavía en el Infierno’. Y sin más, bajó del púlpito. ¡Eso fue su sermón!

Digerible, decisivo y memorable. ¡Amén!   (464 palabras – ¡el artículo In Form más corto de todos los tiempos! ¡Otra vez Amén!)